¿Quién dijo: “Esta lucha es ambiental”?

En la Amazonía ecuatoriana un centro ecológico ofrece la certeza de que no hay que irse al Polo Norte, ser científico o catalogarse ambientalista para defender el planeta. El cambio, el real, empieza por uno mismo y en este trocito de suelo que ocupamos.

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-Venga que le presento a mi familia- dice Medardo y echa andar hacia las paredes. En fotos están su compañera, tres hijos, dos de ellos ya independientes y un tercero que de vez en vez asoma la cabeza desde el cuarto. Nubia, la mujer, le sigue con una sonrisa en el rostro, sabiendo quizás de antemano lo que dirá. –Esta es mi esposa– y el dedo de Medardo señala en la imagen a una Tapir Amazónica, en peligro de extinción, que junto a él cruza el río. –Y este es mi papá.

El retrato en blanco y negro, como recortado de un libro, no devuelve un rostro por conocer, sino un símbolo que en Occidente levanta pasiones. Vladimir I. Lenin no necesita que graben su nombre junto al perfil. Allí, justo en las puertas de la selva ecuatoriana, como desafiando el tiempo y el paraje, la lucha que representa se resiste a darse por vencida.

A Medardo se le apretujan las ideas en un monólogo que no permite pausas ni explicaciones. –Botar libros que te hablan de la Revolución. ¡Nuestros países están necesitados de revolución! ¡Mira, mira, mira…!– Y allí, en un rincón de la sala, un librero acoge desde el tomo 2 hasta el 39 de las Obras Completas de Lenin.

Botando libros una universidad de Bolívar. ¡Qué horrible! Pero me pongo a pensar también en cómo la burguesía, la clase dominante, nos tiene a través de la educación, de la religión, metida hasta la médula esa visión anticomunista del mundo. ¡Qué mal! ¡Super pésimo! Siempre nos han tratado de dividir a los pueblos… todo el tiempo.

Recogió los libros de la quema y el olvido y ha empezado a leerlos, “hasta el último tomo”, aclara. Al marxismo-leninismo le llama “la ciencia más ubicadita” para entender los procesos que se dan en la sociedad. Desde Zanja Arajuno, el centro ecológico que hace casi dos décadas fundara, Medardo y un nosotros que incluye a su familia y a voluntarios, cree que solo existen dos posibilidades: adaptarse al sistema, empeñarse en ser burgués, con un buen carro, una casa…, o pelear, sin olvidar los grandes adelantos, como Internet, pero recordando que la apropiación privada es el gran mal del capitalismo.

Mis luchas no son antipetroleras, no son ambientalistas; mis luchas son políticas, contra sistemas económicos injustos. 

Y así, con las ideas “malditas” del comunismo, con esa pelea -que tantos procuran silenciar- de cambiar cómo se reparten las ganancias, y con un día a día de respeto a la vida, al territorio y la identidad, un pedacito de mundo de 50 hectáreas se salva a sí mismo e intenta salvar a otros.

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Medardo, Nubia, y el pequeño de ambos, en el hogar que construyen en Zanja Arajuno.

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En el kilómetro 32 de la vía Puyo-Tena, la que une a la capital de la más grande provincia de Ecuador, Pastaza, con la ciudad cabecera de Napo, un mustio cartel anuncia un desvío y la presencia -5 km adentro- del Centro Ecológico Zanja Arajuno.

Al asfalto lo reemplaza un camino pedregoso que obliga a manejar recto. Una vegetación, a ratos tupida a ambos lados, impide avistar el despeñadero oculto tras ella. La selva amazónica ofrece en cada kilómetro dosis cada vez más abundantes de árboles y de un verde que delata que acá llueve en cantidades que a las zonas secas les falta.

Una maraña de sombra y fresco se encima al llegar a las instalaciones, inauguradas con la casa de Medardo y Nubia, en lo alto de una lomita, y casi enfrente, la casa de los voluntarios que allí colaboran.

El recibimiento es un golpe a la autoestima citadina. Un aire, demasiado puro, se te adentra irreverente dilatando vías y pulmones, tanto que se te antoja acabarlo de un respiro. Y con ese knock-out de oxígeno se largan bien lejos las ganas de volver a la ciudad.

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Zanja Arajuno no siempre fue Zanja Arajuno. Empezó como un Departamento de Recursos Tecnológicos y de Investigación de la Organización de Pueblos Indígenas de Pastaza (OPIP), en un terreno, prestado por 20 años, a solo 9 km de Puyo. Por aquel entonces, un cuarto de siglo atrás, Medardo Tapia Román –ingeniero agrónomo ecuatoriano- lo fundó junto a su familia. Pronto le llamarían Centro Fátima.

Como dueños ancestrales, las nacionalidades indígenas reclamaban la tierra ante la degradación a la que era sometida y el despojo que sufrían. En 1992 lograron los títulos de sus terrenos, y fue entonces cuando el proyecto empezó a investigar las especies de flora y fauna amazónicas valiosas para los nativos y se enfocó en buscar alternativas de cría, manejo, y conservación que resguardaran los recursos.

-La selva es el supermarket y la farmacia de los pueblos indígenas de Pastaza-, dice Nubia, quien relata que los primeros años fueron de analizar la biología de especies en peligro de extinguirse por la deforestación, la explotación petrolera, el tráfico de fauna silvestre y la construcción de caminos. Un premio televisivo al Mérito Ecológico los lanzó a la fama en 1994, y fue entonces cuando el Ministerio del Ambiente les pidió apoyo para el rescate y rehabilitación de fauna silvestre.

Este centro fue pionero en el manejo de los animales acá en Pastaza. Empezó a haber gran cantidad de animales y ahí abrimos las puertas al público-. Así pudieron contratar veterinarios para la rehabilitación y alimentar tantas bocas, cuenta Nubia. –Teníamos que conseguir recursos económicos para poder apoyar en esto del rescate y empezamos a trabajar con voluntarios y con pasantes.

Ella misma fue una de esas pasantes. Vino desde la Universidad Nacional de Colombia a hacer su tesis de grado sobre la biología de ciertas especies de mariposas y se quedó enamorada del proyecto y su creador.

El turismo les trajo economía, pero también la esclavitud de atender a la gente y descuidar sus labores. Y una duda se les instaló: ¿Valía la pena la bonanza?

-A veces nos dábamos con la piedra en la boca. Decíamos: ‘bueno, el turismo nos ayuda a sustentarnos financieramente para poder hacer cosas y, a la vez, se puede hacer educación ambiental, explicarle a la gente que son animales, que son especies que están en peligro de extinción que tienen una función en el ecosistema’, pero muchas veces uno terminaba de hacer el recorrido y: ‘¿cuánto vale el monito?, ¿en cuánto me puede vender esa boa?’ Entonces, uno decía: ‘¡ah, no!, la gente no está escuchando, no le está importando nada de lo que estamos diciendo’. No todos… pero pasaba eso.

Y entonces, cansados de la indolencia y de extrañar el antiguo enfoque, justo cuando se vencía el préstamo del terreno y la codicia ajena les deambulaba cerca viendo el lugar como negocio, decidieron comprar las 50 hectáreas en que están ahora.

Llevaron cuanto pudieron, dejando atrás 28 ha. recuperadas de bosque y un montón de animales rehabilitados y libres. En el nuevo espacio solo se admitirían voluntarios, pasantes e investigadores.

Esta vez no habría turismo. Destinarían esfuerzos a trabajar con la comunidad.

-Estamos en este reto de reforestar, de restaurar, de proteger lo que todavía queda y, también un poco, de educar a la gente no solo en el sentido de que el arbolito es lindo y hay que cuidarlo, sino de que también empiece a tener una posición crítica frente a las políticas públicas de un gobierno que no piensa en las necesidades, en la realidad de cada locación. Esto lo digo porque, por ejemplo, el gobierno ahora a toda costa quiere explotar el petróleo en todas partes.

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Es como un granito de arena -agrega Nubia-. Si no se trata de cambiar el sistema, para que las grandes potencias no hagan este desastre, es difícil.

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Yo soy administradora de Zanja Arajuno, coordinadora de voluntarios, barrendera, y cuanto toque  hacer-. A Nubia Lucero Mora Muñoz –colombiana, Dra. en Zootecnia, y esposa de Medardo, el fundador del proyecto- los niños de la comunidad Recinto Mariscal Sucre la conocen como Doña Lucero. Un par de veces en la semana desanda los 2 km que, tierra adentro, la separan de la escuelita. Allá se va a impartirles, en dos horas que las maestras le ceden, Educación Ambiental.

-¿En qué consiste? En que los niños conozcan de su propia selva. Hace 10 años, cuando les explicaban temas de Ciencias Naturales, ponían de ejemplo el elefante, la jirafa, el oso, que no son animales de acá. Entonces la idea es que, con lo propio, los niños también vayan aprendiendo sus materias de la escuela.

A veces sola, a veces con parte del voluntariado, lleva juegos, danzas, artes plásticas y hasta actividades deportivas para motivarles y hablarles de ecosistemas, deforestación, calentamiento global, o contaminación del agua y del aire.

En casa guarda dibujos de los chicos sobre el cultivo de la caña en la comunidad, los animales que en la selva habitan, la tala de árboles o los impactos del petróleo.

Ellos empiezan a tener esa idea de que la contaminación, o lo que el hombre hace, causa un impacto.

En una ocasión propuso a los niños recoger papel y reciclarlo. Una vez hecho, ellos mismos dieron una clase a sus padres. Luego, el reto fue construir en la escuela una casa ecológica solo con botellas recicladas. Los pequeños recolectaban de entre la misma basura que producía la comunidad, limpiaban las botellas plásticas, y el resultado final incluyó, incluso, la construcción de las paredes de un invernadero en Zanja.

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Nubia y quienes participan en el proyecto están convencidos de que explorar la selva, observar las aves, conocer animales, preguntar a los abuelos cuánto ha cambiado la comunidad desde que se asentaron en ella hace más de medio siglo, son actividades que les ayudan a generar identidad. Y en ese afán de mostrarles todas las riquezas que poseen tampoco dejan de contarles leyendas indígenas sobre la tierra y los animales. En un mundo donde a mestizos y herederos ancestrales de la tierra les toca defender el mismo espacio, hay que, según Nubia, “romper esto de ‘tú eres indígena y yo no’, unir las culturas; eso tratamos de hacer”.

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Jaime Rolando Frías vive en la ciudad de Puyo, y es uno de los voluntarios en el área de comunicación del centro ecológico. Su tarea es contar en internet y en cuanto espacio encuentre lo que allí se hace, y de este modo buscar voluntarios, fondos y proyectos.

-Para mí el mayor logro del centro es haber concretado un grupo de personas fijas, de personas con un voluntariado bien marcado, con unos lineamientos personales bien parecidos a lo que su creador pensó –dice-. Al tener esa capacidad de gente aliada también tienes la capacidad de difundir el pensamiento del centro.

Reservan de todas partes. De Europa, Sudamérica, Ecuador… llegan a sumarse a jornadas en las que el día puede empezar a las 4:00 am con té de guayusa, una planta de la Amazonía ecuatoriana capaz de energizar más que la cafeína. Y salen a reforestar, documentar, investigar, a poner las manos y el cuerpo por entero en aquello que hayan venido a hacer.

Para Rolando es un espacio en el que aprender sobre la vida, y la situación política y social se vuelve inevitable.

-A la sociedad le hace falta darse cuenta de que el desarrollo se puede dar bajo el cuidado y la protección, que puede producir sin la necesidad de copiar modelos que son fallidos. La necesidad existe, pero también existe la responsabilidad para sacar adelante esta necesidad sin destruir.

“El pensar que el dinero es lo más importante, esta trampa del consumismo, de la mercancía, es lo que al final pesa en la degradación de los recursos. Nos crean necesidades que no son reales y consumimos, consumimos, pero para consumir necesitamos dinero, para conseguir dinero entonces vemos cómo lo hacemos más rápido, y tal vez esa manera de conseguirlo más rápido, a la larga, va deteriorando el ecosistema y, al final, ¿de qué vamos a vivir?”.

Nubia Lucero Mora Muñóz

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Medardo cuando habla, apenas si menciona a Zanja. Prefiere ir de anécdota en anécdota política, que si el 1ro. de mayo, que si el espíritu de la ganancia, que si las transnacionales y ricachones se reparten el mundo, que si aún no tiene ni alcantarillado, ni internet, ni siquiera agua potable en la comunidad.

Zanja le late dentro. No por gusto Bambi, la tapir de la foto, aquella a la que llama esposa, está en el imagotipo del proyecto al que dedica su vida.

Mientras nosotros estemos divididos, nuestra comunidad no recibirá obras ni de aquí ni de acullá. Por supuesto, mejor para “ellos” -ironiza-: ‘tenemos menos preocupaciones, esos tontos que se peleen, nosotros felices invertiremos esa platica en otro lado’. ¡Primero es la unidad interna! En esa pelea estoy yo.

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La noche es oscura en Zanja Arajuno. Una orquesta sinfónica de insectos entretiene hasta el sueño. Es raro, no se habló de lucha contra el cambio climático, el top trending ambiental, y sin embargo, estuvo en todo, hasta en los silencios.

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¿Y lo que quiero yo?

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No me quites la luz porque dices que me quema. No me restes mi aire porque lo quieres respirar. No amordaces mis palabras, no amuralles mi horizonte. No me duermas con cánticos de odio y de enemigos, más tuyos que míos, esos “malos”, “invasores” convenientes para ti.

Deja ya de dividirme el mundo en dioses y diablos, basta ya de obligarme a elegir “o contigo o contra ti”. No me pidas otra tremenda caminata en la que tú descansas a caballo, en tanto yo marcho con los pies descalzos, heridos, ampollados, hambrientos de un algo suave donde reposar.

Yo quiero ver la luz aunque me queme, ya usaré gafas y sombreros y sombrillas y túnicas.

Yo quiero respirar mi aire porque es mío, porque es suficiente, porque siempre hubo para todos, y porque me mata su carencia, mientras tú acumulas.

Yo quiero usar mis palabras aunque estén marchitas, quiero un horizonte pleno de cielo y de paisajes, quiero definir mis “buenos” y mis “malos”, o mejor, aquellos que elijo conmigo y los que ansío lejos de mí.

No quiero un Dios de diferencias, de magnetismo para el ataque, eternamente enamorado de su ego, y para el que nunca se es lo suficientemente digna, grande, inteligente, para tocar o hablar.

No quiero dioses que prediquen miseria y que en el día a día siempre ¿merezcan? más que yo. Dioses de mentira, dioses vampiros. Dioses castigadores y arrimados.

Puede que otros ídolos sean igual de falsos. Mi cuestión no es si lo son o no, no es si me mean o me llueven, la pregunta es ¿por qué prefiero que me meen? O acaso esto “tan mucho” que me falta ¿es porque un diluvio me arrasó?

Refrescando la vida en la ciudad

Hay ciudades sin crónicas y con apuros. Siento que Puyo es una de ellas. Sirva este escrito para mostrar un poco de la vida de uno de sus pobladores. 

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Ricardo Ortiz, vendedor ambulante de jugos naturales en el Puyo.

Cuando te habla pareciera que te invita a quererle un poco, a contagiarte de su energía, y a repetir la experiencia de comprarle un jugo, o dos, o tres, o cuantos gustes. Eso quisiera él, que todos volviesen a acabarle en un santiamén las cubetas llenas, y eso logra poco a poco luego de ocho años tras un carrito llamado Frutas Peladas.

A Ricardo Ortiz -32 años, casado, y con un hogar de cinco almas a cuestas- hay días en que sus fieles le ayudan sirviéndose porque él, que apenas se toma unos segundos en completar un pedido, no da abasto.

Mas en ciertas jornadas -¿el clima tal vez?, pregunta- las ventas son casi nulas.

Hay días en que es bonito por el sol, se vende casi todo; hay otros días en que se queda. A mí no me gusta volver a traer al siguiente día lo mismo. Ya le boto y es bastante pérdida. Ahorita no hay salida de la venta. Será por estos días que están así, lluviosos… -me dice nostálgico de un sol que sale a su antojo, aunque no se le asoma el desánimo en la mirada.

El negocio le ha funcionado. Lo trabajan él y su esposa. Tienen varios carritos que alguna vez mandaron a hacer a 500 dólares cada uno y que, luego, han explotado hasta el cansancio para recuperar la inversión.

Solo de esto viven y estudian mis hijos, mantengo mi casa– asegura, y ya no parece extrañar tanto su profesión de antaño. Estudió para ser químico industrial y también para chef, pero en Pastaza no encontró trabajo. Vino desde Ambato a pasear por estos lares y terminó quedándose de tanto que le gustaron. Ahora sueña con abrir un restaurante y su mirada se pierde en detalles que solo él es capaz de ver.

En parte por ello sigue con ahínco su rutina de levantarse de lunes a viernes a las seis de la mañana. Durante dos horas se dedica a lavar con agua hervida y esmero las manzanas, zanahorias, pepinillos, naranjas, piñas y cuanta fruta tenga, para estar en su puesto a las 8:00 am y permanecer allí hasta las 6:00 pm.

Justo en la esquina en que se unen las calles Atahualpa y General Villamil se mantiene de pie, a la espera de clientes, con sus jugos helados y naturales, con azúcar o sin ella, desde 75 centavos hasta dos dólares, y una sonrisa para acompañar.

¿Ocho años de pie? Ya me acostumbré –me dice,- …por la atención al cliente. La gente que viene me conoce, conversamos. No me canso. Otras veces, cuando hace un buen día, que para Ricardo son los de sol, deja a su esposa en el puesto y sale en el otro carrito a recorrer la ciudad.

Vasos, sorbetes, cubetas, naranjas, zanahorias, manzanas, frutas y más frutas, al desnudo o no, hacen de su carrito un espectáculo barroco del que sale un jugo fresco y puro que se agradece.

Hay vendedores para quienes cada cliente es un ingreso, para Ricardo Ortiz cada cliente es una experiencia que él intenta mejorar. Sabe que el trato se queda en la mente tanto como la calidad de lo comprado, que pensarán en él para repetir la experiencia de camino a casa, al trabajo, a un encuentro.

Sabe que le tocó como a muchos poner un alto a la falta de oportunidades, deshacerse de excusas y ararse el camino con las uñas, pero tiene el mérito de salir adelante con un carisma y una constancia que, desde una esquina ecléctica y un carrito barroco, refrescan a una ciudad.

Desquite

reloj paciencia

A ellos, esos, aquellos…

Aprendí a tener miedo en cada paso, a pensarme una y otra vez lo que diría. No era cuidado de mí soltando un disparate, era temor de otros atajando mi verdad, acechándome con látigos, torciéndome las manos, el lomo, el cuello.

Aprendí a callar cuando muy adentro gritaba, para no repetir aquel temprano cartel de IRREFLEXIVA –más bien molesta, tipa peligrosa, que si se dejaba de la mano, si no recibía freno, nunca terminaría por enmudecer.

Aprendí a susurrarme mi opinión para no olvidarla, y a poner –con el tiempo- una mueca imperceptible, fastidiada, incrédula, en mi sonrisa y en mis SÍES.

Aprendí a borrarme, a perderme mi tiempo, a atarme a las esquinas, a esfumar los bríos y la fe en los pasos míos y de otros, los de esos otros que creí voces de líderes y solo eran ecos hambrientos de perpetuidad.

Aprendí a engordar de iras -poco a poco-, a inflarme de decepciones, a recibir azotes cuando escapaba mi voz, cuando me permitía ser yo misma. Y vengan garrotes y amenazas y puertas que se cierran y la barbilla altanera de aquellos otros –esos “tuyos”- y apenas una que otra mano turbada, efímera, a oscuras, para dar consuelo.

Aprendí a contar con pocos, a convivir con lástimas y envidias, a ahogarme dentro aquellos NOES a mi albedrío, y a pedirle a Dios paciencia -mucha, renovada-, para sanar e irme.

Aprendí que hay demasiado oportunista viviendo de mi voz estrangulada, domesticando la espontaneidad a la fuerza, plantando miedos… pero aprendí bien la lección después de todo, y ahora que tu eco desfallece, que precisas mi voz y hasta la esperas, ahora que te borras de a poquito, ahora que tus otros no son muchos, ahora que no sumas tanto estrépito, agradezco la enseñanza, los desvelos, y devuelvo intacta tu obra:

Callo, callo hasta que mi silencio te enmudezca.

¿En serio te guiño el ojo y suelto un zarpazo?

Tras la visita de Obama a Cuba, tras las palabras de esperanza y paz a un pueblo que hace mucho suspira por cambios, aunque de poblador en poblador varíe la magnitud y alcance de este deseo, me queda un “esperaba algo mejor” de la prensa oficial cubana, un “no repetir la misma fórmula”, un intentar adaptarse a este nuevo tiempo aunque la visión no la compartan.

Sí se puede

Obama

Más que “revolucionarios”, sa-bo-te-a-do-res. Así se me presentan ciertos articulistas, columnistas, entrevistadores y entrevistados que exponen mil excusas y mil “yo no olvido”, sin detenerse en los aspectos positivos del restablecimiento de las relaciones con EE.UU. Está bien tener memoria, es común tener recelo cuando sientes que te han herido, pero sacar los trapos sucios una y otra vez… ya cansa.

Y me pregunto, ¿quiere el gobierno cubano hacer las paces, sí o no?

Porque para que existiese este acercamiento tuvo que dar también el sí Cuba. Para que pisara Obama la isla debió existir un permiso o una invitación previa. Entonces, ¿qué estamos haciendo? ¿Guiñamos el ojo y, para que no nos crean fáciles, la prensa se encarga de soltar tres patadas fieras?

Cuando me acerco a ciertas posturas del periodismo cubano, tal pareciera que el ansia de estrechar lazos viene solo de EE.UU. ¿Y quién me habla de los motivos de Cuba? ¿Por qué, si “el monstruo” no ha cambiado –y ya nos auguran que no cambiará-, ahora sí le damos la mano y hace 20, 10 o 5 años no? ¿Por qué le exigimos a Obama que varíe 30 cosas para que “mejore Cuba” y no pedimos también cambios internos que nos permitan progresar? ¿Por qué la culpa de nuestros problemas la tiene siempre el resto del mundo, mientras en la isla solo tenemos santos?

No puedes caminar por una calle mirando todo el rato hacia atrás, no puedes conducir un auto observando solo el espejo retrovisor, no te puedes subir a un avión pensando que el piloto es malo y que el aparato caerá en pleno vuelo, porque tropiezas, te caes, colapsas, mueres, te haces daño  y haces daño a los demás.

¿Vas a crear lazos de unión sembrando a toda hora desconfianza, alimentando tanta duda, intentando mantenerte separado? Ese es el acto menos revolucionario de quien se califica como “revolucionario”. Al final me parece un acto de miedo, mas no de ese que como seres humanos tenemos a lo desconocido, sino del que invade cuando se piensa en que se perderá el status quo que, con ideas tan repetidas y retrógradas, nunca se debió ostentar.

No se debe vivir con tanto odio, cebando tan constantes rencores. Para seguir adelante, o te alejas -que no es lo que estamos haciendo ahora-, o perdonas. ¿Vamos a seguir abonando la separación y el dolor que la acompaña? ¿Continuaremos vilipendiando, como niños inmaduros y egocéntricos, a todos los que pensaron o quisieron para sí y para los suyos algo diferente? ¿En serio?

Da pereza la misma postura que no conduce a nada nuevo, que no arriesga, que remarca diferencias, que denigra al otro, que no promueve amor.

No más mirar la paja en ojo ajeno, no más buscar las culpas del otro lado del mar. Pedimos cambios extremos en el otro y ¿ni siquiera estamos dispuestos a cambiar nuestras posturas de boxeo? Se puede exigir y ganar respeto sin necesidad de mostrar tantas uñas.

Yo voto por el abrazo –que no significa venderse-, voto por el pueblo, por mi familia y por mí.

Memorias de Abogacía: Viviendo un sueño mientras se ausculta el crecimiento

Jorge Luis en abogacíaLe tocó exponer el último día y la polémica alrededor de su ponencia fue mayor que la que alguna vez previó. Con una rapidez de pasmo respondió sin rodeos las preguntas, y se dispuso a disfrutar, ya relajado, el resto del evento.

Al día siguiente, durante la premiación, su alivio vivió apenas unos segundos de pánico: Mi madre, si me dan el premio tengo que ir para allá arriba y… ¡ay, mi madre!, pero la idea, que le pareció muy loca, fue fugaz y no volvió hasta que la voz frente al micrófono dijo: “Premio en el Congreso Internacional Abogacía 2014 a Jorge Luis González Castro”. Y era su nombre.

En el libro que recoge las memorias del Congreso, el mismo nombre firma la ponencia Las cooperativas no agropecuarias en Cuba. Acercamiento crítico al marco legal para su constitución y funcionamiento.

“Me motivó tratar de abordar un problema novedoso, una institución que está en franco proceso de crecimiento”, dice Jorge Luis, quien es abogado y jefe del equipo que atiende a las personas jurídicas en el Bufete Colectivo Municipal de Las Tunas.

Abogacía le ofrecía un espacio estupendo para intercambiar criterios con juristas de toda Cuba y de otras partes del orbe, de modo que se aplicó en el estudio del ordenamiento jurídico de las Cooperativas No Agropecuarias. El carácter experimental del proceso le parece una de sus grandes fortalezas, por lo que el fin último de su análisis fue  determinar insuficiencias que frenan el desarrollo de estas entidades en el contexto socioeconómico cubano.

¿El resultado? Un trabajo que muestra aspectos a tener en cuenta durante futuras evaluaciones y modificaciones de la norma jurídica.

“Es una referencia más, para aceptarla o rebatirla. Para mí es un punto de partida”, dice Jorge Luis, quien considera que existen indefiniciones en cuestiones claves como qué actividades puede desarrollar el cooperativismo, y qué plazos legales tienen los órganos decisores y tramitadores.

En su ponencia señala la necesidad de brindar respaldo constitucional a las cooperativas, y la limitación de la autonomía del cooperativismo cuando precisa adoptar estructuras convenientes a los intereses de los socios.

Jorge Luis también señala que si cada ministerio involucrado en el proceso legisla a lo interno, entonces buena parte de las resoluciones y normativas podrían no aparecer en la Gaceta Oficial de la República de Cuba, lo cual atentaría contra el conocimiento de la población.

Ante el número de canales para obtener la aprobación de una cooperativa: órganos locales y provinciales del Poder Popular, organismos que rigen las actividades, Comisión Permanente de Implementación de los Lineamientos, Consejo de Ministros… Jorge Luis apunta que “se pierde un poco el sentido y el sabor local que tienen las cooperativas. Eso, a mi juicio, debería aprobarse un poco más acá, un poco más en provincia -cuando más en provincia-, porque se pierde la dinámica”.

Al término de su exposición en el Congreso Internacional Abogacía 2014 uno de los aspectos más controvertidos fue el de si se debían o no definir cuáles actividades se pueden ejercer en el cooperativismo.

“La norma no lo señala. Hay actividades que no se sabe si se van a aprobar o no. Ahí es donde está un poco la inquietud. Ese punto fue polémico. Hay personas que señalan que así está bien redactada. Como no dice en cuáles sí y en cuales no, se sobreentiende que es en todas las actividades. Pero, por ejemplo, hay muchas inquietudes en los servicios profesionales que quieren hacerse cooperativistas, y uno, al final, no sabe si se puede o no se puede. Está esa incertidumbre de si me la aprueban o no me la aprueban y, luego, si no me la aprueban no puedo impugnar la decisión, porque lo que están diciendo es irrevocable.

El día en que le tocó exponer a Jorge Luis González Castro en la comisión de Contratación y litigios económicos y mercantiles. Arbitraje comercial es internacional, los nervios casi ni se dignaron a hacer aparición. Convencido como estaba de que la dinámica de estas entidades precisa ser sencilla, dirigida al desarrollo local y a satisfacer las aspiraciones de sus integrantes, expuso con serenidad sus ideas y acaparó muy bien con la memoria los criterios que en torno a ellas se dijeron.

Ya se disponía a volver tranquilo, casi desapercibido, a su rutina diaria, cuando a la hora de las premiaciones la voz frente al micrófono dijo: “Premio en el Congreso Internacional Abogacía 2014 a Jorge Luis González… y era su nombre”.

El cómo se abrió camino para recoger el diploma lo conocen quienes le aplaudían y felicitaban, porque él solo volvió a tener noción de su cuerpo cuando se descubrió, allá arriba, hecho un temblor mal disimulado y sudando la emoción hasta por los poros.

Todavía, unas semanas después, se siente como viviendo un sueño, frase que una y otra vez repite mientras comparte su experiencia. A sus 36 años, ni siquiera obtener el título de Licenciado en Derecho que tanto esfuerzo le supuso mientras estudiaba la carrera a distancia, le parece ahora tan emotivo como el reconocimiento recibido por parte de colegas y personalidades presentes en Abogacía.

Jorge Luis en abogacía

 

Ahora toca lo que toca siempre luego de un estímulo. Continuar el trabajo, nutrirse de más referencias y contribuir a un debate que más que nunca requiere Cuba en estos tiempos de enfoque hacia el crecimiento económico del país.

 

Reflexiones en estos días de guerras

“Mi madre, por ejemplo. Cree que morir en la guerra es heroico. ¡Maldito sea el primero que habló de heroísmo! ¡Si mi madre hubiese estado ayer en la batería número 25! Tres muchachos, a quienes mi madre también conocía, murieron allí. Uno de 17, otro de 18 y otro de 19 años. ¡Mierda!”

“Para mí todos son iguales, son criaturas con una nariz y dos brazos y dos piernas, que combaten porque se lo han ordenado. Los hombres no tienen la culpa. En un soldado no veo nunca un hombre que quebranta el primer mandamiento: no matar. No es su dedo el que aprieta el gatillo, es el dedo de quien se lo mandó. (…) Y no estoy aquí para defender la guerra, estoy aquí para ayudar a quien se ve obligado a hacerla”.

“Una idea no se mata matando un cuerpo, al contrario. Hay que trabajar en su pensamiento, no en su cuerpo…” Padre Bill. Estadounidense.

Fragmentos del capítulo IX del libro “Nada y así sea”, de Oriana Fallaci. Traducción de Fernando Gutiérrez. Editorial Noguer, S.A.- ESA (Sobre la guerra en Vietnam).

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“Porque la guerra es mala, no el hombre. En la guerra incluso el hombre más tímido; más bondadoso, se vuelve malo”. General Nguyen Ngoc Loan.

Fragmento del capítulo X del libro “Nada y así sea”, de Oriana Fallaci. Traducción de Fernando Gutiérrez. Editorial Noguer, S.A.- ESA (Sobre la guerra en Vietnam).

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“Si se admite el heroísmo hay que admitir la guerra. Y yo no debo, no puedo y no quiero admitir la guerra. Y si me dices que la alternativa es Suiza, yo te responderé que no hay nada de malo en fabricar buen queso, excelente chocolate y relojes que funcionan”. Oriana Fallaci durante un monólogo interno como respuesta a su colega y amigo François Pelou.

Fragmento del capítulo X del libro “Nada y así sea”, de Oriana Fallaci. Traducción de Fernando Gutiérrez. Editorial Noguer, S.A.- ESA (Sobre la guerra en Vietnam).

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